Normalmente aconsejamos a los clientes el rellenar el campo de la etiqueta meta descripción con un texto original y único, que resuma el contenido de la página en la que nos encontremos y que sea atractivo (para captar al usuario). Le decimos al cliente que, en caso ser la página indexada por Google, se mostrará el título que hemos determinado en los resultados de búsqueda y debajo un texto que definirá esa página y que muchas veces será el encargado de llamar la atención del usuario. Ese texto idealmente debería ser la meta descripción que hemos definido; éste es el sentido de la etiqueta: indicarle a Google que en ese espacio puede encontrar la descripción idónea para resumir el contenido de la página. Pero Google no siempre decide usar ese contenido, no siempre acepta “sugerencias”: el robot rastreador de Google que se utiliza para localizar las páginas e indexarlas en los buscadores no sigue pautas exactas. Esto significa que al rastrear una página, Google usa todos los elementos que encuentra y no siempre da el mismo peso a cada uno de ellos. A veces sigue criterios distintos y eso hace que no podamos garantizar que con completar los metadatos aparezcamos en Google con el texto de las meta descripciones que nosotros hemos creado. Simplemente hay veces que Google, analizando todo el contenido de la página, toma el contenido que quiere, dicho rápidamente, para mostrar en los resultados de búsqueda.

La meta descripción es la etiqueta donde resumir el contenido de la página

Todo esto lleva a una conclusión clara: todo el contenido tiene que ser trabajado correctamente orientado a poder ser mostrado en los resultados de búsqueda. La meta descripción es un espacio ideal para describir el contenido de la página y atraer la atención del usuario, por tanto tiene que ser aprovechado, aunque no tengamos la certeza de que va a ser usado siempre.

¿Cómo trabajar los contenidos que pueden mostrarse en los buscadores?

Los contenidos deben estar optimizados para ser posicionados. Esto significa dos cosas: han de contener siempre las palabras clave que queremos indexar y han de estar pensados para el posicionamiento. Cuando se escribe un texto o una descripción todo eso que está en negrita o cursiva (en caso de que se usen las etiquetas <strong> y <em>) Google lo interpreta como contenido importante. Así que debemos adecuar las descripciones de los productos a este hecho: no usemos los estilos para llamar la atención del usuario, llamemos la atención de Google primero, el usuario es más “espabilado”, Google necesita que se lo demos más hecho. Resaltémosle las palabras clave con negritas o cursivas, así a la hora de rastrear sabrá qué palabras o contenido tienen más importancia en nuestra página y definen nuestro producto.

Los títulos de los productos es otro factor importante. Tienen que ser descriptivos y hay que pensar que conformarán la url de la página de ese producto, por lo que es importante tener eso presente antes de subir un nuevo producto.

El nombre que ponemos a las imágenes también se interpreta como texto estático que podría ser indexado y usado en los resultados de búsqueda, por lo que hay que tenerlo en cuenta por si Google decide indexar los títulos de estas imágenes.

Así que ya sabéis, si queréis aparecer en los resultados de búsqueda con una descripción perfecta rellenad correctamente la meta descripción y cread todo el contenido pensando en que en cualquier momento podría ser utilizado en la descripción de tu página.